miércoles, 1 de junio de 2016

Contigo



No me gusta pensar en el futuro y he aprendido a no pensar en el
pasado, el futuro tal vez me de miedo y el pasado es eso: pasado, algo que no
va a volver y que me he dado cuenta que no merece vivir en un lugar que ni si
quiera existe, no se puede vivir de un recuerdo. Hace un tiempo que cuando veo
el vaso medio vacío me lo termino y me pongo otra copa, y así hasta que lo veo
medio lleno, o hasta que me emborracho y que le den por el culo al vaso.
Siempre he sido un chica sonriente, pero nunca he sido la causa de esa sonrisa,
quiero decir, mi felicidad siempre ha dependido de alguien, no digo que sea una
chica débil, no lo soy, pero siempre alguien tenía ser quien me daba esa fuerza
para seguir luchando, hasta que te das cuenta que cuando tu vida depende de
otra sonrisa realmente no estás queriendo bien, y tampoco es justo que la otra
persona tenga el peso de tu sonrisa, que somos demasiado egoístas en ese
aspecto, no te preocupas tu por ser feliz...y tiene que preocuparse otra
persona? No, no es justo. Pero al final aprendes que no es sano querer de esa
forma, que puedes querer muchísimo, pero estas queriendo mal. Al final ya no
sabes si estás con el porqué le quieres o simplemente por esa dependencia. Con
el paso del tiempo y las hostias que vas coleccionando te das cuenta que debes
aprender a no depender de nadie que no seas tú, debes dejar que otra persona te
acompañe y haga el camino más fácil, pero no ir tras sus pasos, no esperar a
que te quieran para quererte ni dejar tu vida en otras manos, porque tarde o
temprano la pueden soltar y entonces ya no te queda nada. Puedo decir que he
aprendido a compartir camino y ojala destino desde que aquella sonrisa se cruzó
con la mía enseñándome que se puede querer de otra forma, se debe querer de
otra forma. Mostrándome un camino lleno de piedras, pero que estaba dispuesto a
recorrer conmigo. Estaba harta de la gente que me decía que todo iba a salir
bien, y fue él quien me dijo que mi mundo se estaba yendo a la mierda, pero que
se quedaría conmigo para volver a construirlo. Y es justo eso, alguien que te
diga las cosas tal y como son, que no te cuente el cuento de un para siempre
que no siente, que te diga que hoy te quiere, pero mañana no lo sabe. Que sepa
marcharse cuando ya no siente nada y no se quede ahí por comodidad, por pena o
por imbécil. Que sea capaz de decir te quiero mirándote a los ojos y no solo
por mensaje de texto, que te deje decidir tu vida y aceptar las decisiones aunque
sea él quien sale perdiendo. Alguien que te quiera, que te quiera de verdad,
que no te necesite y aún así quiera estar contigo, que pueda vivir sin ti pero
no quiera, eso es. Y un día aparece, como de la nada, sin presentarse y decir
que va a cambiar tu vida y te enseña que las promesas no son más que palabras
sueltas, que los para siempre son tan falsos como un hasta nunca, que hay que
quererse con hechos y no con palabras, que tal vez en unos meses todo termine y
por ello hay que aprovechar el tiempo en lugar de tener miedo, que el miedo es
el mayor enemigo del amor, y que el amor no da vida, pero la hace mucho más
fácil. La verdad que no sé qué va a pasar, pero quiero que pase contigo.
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