miércoles, 30 de enero de 2019

No te quiero mucho, te quiero bien.



MI LIBRO:



Hace tiempo que quiero explicarte algo, pero no sé cómo, así que yo te lo cuento y tú haces cómo que me has entendido, verás; contigo no quiero viernes de cine por obligación, sábados de manta y peli aunque nos apetezca salir a uno de los dos y domingos de pedir perdón, quiero ojeras de días enteros sin dormir y noches soñando en un futuro que ni si quiera sabemos si será nuestro, ni nos importa, porque el presente eres tú, soy yo, y con eso nos basta.
Que no quiero promesas de un para siempre que no sabemos si es real, que no quiero que me lleves al altar, que me quiero quedar contigo en el bar de fuera de la iglesia bebiendo como si mañana dejásemos de ser dos, que quiero tener contigo lo que nunca quise con nadie, que no quiero una etiqueta que ponga que eres  mío, porque no soy tuya, ni quiero serlo, quiero ser yo, tu, nosotros, pero sin ningún contrato que exija que me tienes que decir te quiero cada dos días porque si no tendremos bronca, sin la estúpida necesidad de alejarnos de la gente que nos importa, sin tener que encerrarme en tu casa, excepto cuando queramos alejarnos de todo el mundo y hacer de tu cama el mejor hogar donde pasar los días.
Quiero que seas libre de ir y venir, sobre todo esto, de venir, vete donde quieras, pero vuelve que te estaré esperando, no quiero que me ates a tu vida y no quiero llevar el peso de atarte a la mía, quiero que caminemos de la mano, por el mismo camino, saltando las mismas piedras, pero cada cual con sus zapatos, y si te sientes perdido te presto los míos, te enseño el camino, pero sobretodo; te dejo perderte, equivocarte y volver a pedir perdón, porque no quiero que estés a mi lado porque me enfado si no lo estás, no quiero que tengas que venir conmigo a ver aquel concierto que tanto te aburre, no quiero que vengas a mi casa a decirle a mi madre lo maravillosa que es su hija, quiero que sigamos siendo un ejemplo a no seguir, que sigamos corriendo en dirección contraria, que sigamos sin ni quiera saber que cojones somos, y que cojones nos importa saberlo si somos felices, si tu y yo nos entendemos, seguir sin responder a todo aquel que nos pregunta que coño somos; que coño les importa, somos felices, y no se puede pedir más.

Quiero que te quedes porque quieres quedarte y no porque debes, que me llames cuando necesites escuchar mi voz, y que me olvides cuando necesitas estar solo, que tengas la confianza de decirme que hoy  no nos veremos porque tienes otros planes, o porque estás hasta el gorro de mi porque llevamos dos días juntos, quiero que me digas que soy peor que una niña cuando me enfado, que soy un desastre pero que te quedas conmigo.
Tienes todas las puertas abiertas para marcharte cuando quieras, ojala no lo hagas, pero nunca me cierres la puerta, nunca me ates a una jaula, nunca cortes mis alas, porque me enamoré de tu vuelo, y quiero que volemos juntos, sin cadenas, sin motivo y a la vez por mil razones, que quiero quererte con el alma en modo vuelo, y ya lo sabes, ganas, si es contigo hasta de huir, y sin dar explicaciones a nadie que no seamos tu y yo, que no seamos nosotros.
Gracias por mejorarme sin cambiarme, por aceptarme sin preguntar, por compartir tu libertad y dejarme ser libre contigo, y joder, no se me ocurre una forma más bonita, más sincera y más real de querer a nadie. Y si, te quiero, hoy, seguramente mañana y quién sabe si el año que viene; pero vamos a querernos hoy, aprovechemos esto que tenemos ahora que lo tenemos, y gracias por hacer que me dé cuenta que el presente solo pasa una vez, y que de poco sirve mirar a un futuro si no sabes si ese futuro en concreto va a suceder. Gracias por enseñarme y por aprender conmigo, por ser, por estar, y por dejarnos ser libres, por saber mostrarme la diferencia entre necesitar y querer, y si, no te necesito para nada, pero te quiero para todo. Y no sé si te quiero mucho o poco, pero te quiero bien, y créeme que eso es mucho más de lo que te puede querer alguien que te quiere mucho.


sábado, 26 de enero de 2019

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jueves, 24 de enero de 2019

Demasiadas preguntas para tan pocas respuestas




Quizás hoy me toca hablar del miedo, del miedo que, sinceramente, tengo a casi todo, tuve miedo de quererte, de perderte, de ser dos, de seguir siendo una, de no poder ser con nadie más, de no ser conmigo, contigo, de mi, de ti, de nosotros, de ellos, de todo lo que un día quise y de todo lo que me queda por querer. Y tengo miedo porque siento, porque me duele y sobretodo porque me duelan más cosas.Y quizá lo tengo porque ya me ha dolido demasiado el paso del tiempo que arrasa con todo, o quizá porque me despedí de alguien que iba a ser para siempre, o porque otros se fueron sin ni si quiera despedirse, y también prometían quedarse en todas.Miedo de no estar a la altura de algo, de mi misma, miedo a mostrarte como soy y que sepas por donde romperme en dos. Miedo a ser sincera por si alguien me está miento, a mirar a los ojos por si acaso me quedo atrapada en ellos, a decirte que no quiero perderte, por si acaso te pierdo.Lo reconozco, tengo miedo a todo. Seguramente, porque antes, en algún momento de mi vida; ya lo perdí todo y se cómo duele.Pero también se que después de estar completamente en la mierda, tras días, seguramente meses y muchas lágrimas a escondidas, se sale, o por lo menos dejas de ahogarte en tus propios problemas, que ya es un gran paso.Seguramente he vivido en todos los estados que puede vivir una persona, conozco la decepción que sientes al perder a ese amigo que era para siempre, el dolor de la muerte de un ser querido, la rabia de aquel chico que te mintió en la cara, la tristeza de ver a tu madre llorando por algún motivo, la preocupación de cuando no consigues olvidar a alguien, el rencor por aquella persona que te traicionó cuando menos lo esperabas, la desgana después de pasar una época de mierda, la desesperación de llorar hasta quedarte dormida y después despertar y preguntarte porqué lo has hecho si lo que querías era seguir durmiendo. Las dudas de una persona jodidamente insegura y que dejó de confiar en todo el mundo, incluso en ella misma, la ansiedad que ni si quiera sabes qué coño te pasa, pero te pasa y te pasa mucho, y duele, y duele mucho. La depresión de no querer salir de una cama, de alejarte del mundo, de querer solamente desaparecer.Y es por eso que puedo hablar de sentimientos, porque los he vivido, igual que he vivido la sonrisa de ver sonreír a alguien a quien quieres y ser tu el motivo, la alegría de despertar al lado de alguien que quieres que duerma contigo para siempre, la incredulidad de ver cómo aquello que quisiste durante tanto tiempo está contigo, y no con otras. El sentir que has nacido para querer a alguien y ese alguien ha nacido para que le quieras, la complicidad de una mirada, de un domingo por la tarde, la amistad que me enseñó quien vino y se quedó cuando todos se fueron, el amor que sentí y que hice aquella noche que nunca voy a poder olvidar, ni quiero. La forma más pura de querer a alguien,  el sentir que vuelas sin levantar dos palmos del suelo, el sentirme libre, jodidamente libre cuando volaba junto a sus alas, el querer, por encima de mis posibilidades, el enamorarme , como nunca pensé que podía hacerlo, el querer a alguien casi más, y sin el casi, que a mi misma.Por eso puedo escribir sobre el miedo, porque lo tuve todo y lo perdí, y se lo que se siente cuando lo pierdes todo, y sé el miedo que tengo a volver a perder algo, alguien.Pero si algo he aprendido, es que si pude salir de un pozo jodidamente hondo del cual estaba segura que no saldría nunca; puedo salir de todos los avugueros que me puede provocar el futuro.Si fui capaz de vendarme una herida que me rompió en dos, y ahora poder tocar la cicatriz sin que apenas escueza, soy capaz de volver a hacerme mil rasguños más en la piel, porque sé que puedo sanarme.Escribo sobre esto porque he vuelto a tener miedo, y no me gusta, vuelvo a tener miedo de perder a alguien, porque vuelvo a querer muy por encima de lo que me gustaría, vuelvo a encontrarme sonriendo sin motivo por los rincones, justo como lo estoy haciendo ahora mismo, como una estúpida a la que, una vez más, le han despertado aquella parte que tenía guardada.Vuelvo, sin querer, a pensar en alguien antes de dormir, a imaginarme un futuro que no tengo ni idea de si va a pasar, a despertarme y pensar cómo despertarás, a dormir y pensar cómo dormirás,  cual será el lado de tu cama, cómo será el humor de tus mañanas, si te gustará el café caliente o eres más de dejar que se enfríe, si seré lo suficiente para ti, si esto mañana acabará, si siquiera empezará, si tu piensas lo mismo, si por algún casual, en algún momento de tu vida has pensado en un futuro que lleve mi nombre.Si mañana seremos dos, si en mi próximo cumpleaños serás tu el regalo, si te gustará la forma en la que te quiero cuidar, si tu también tienes miedo, que cojones pensarás, que pasará por tu cabeza cuando hablas de mi, o conmigo.Si tu tampoco quieres perderme, si a ti también te da pánico esta situación, si te da miedo enamorarte, si has sonreído en algún momento al escuchar esto, si tu tampoco quieres quererme por miedo a que te haga daño, si también piensas que enamorarte es darle poder a alguien de que te haga daño y esperar que no lo haga, si también te juraste que nunca, nunca, nunca volverías a querer a nadie con tanta fuerza y ahora te das cuenta que has vuelto a caer, si también tienes tantas preguntas cómo yo. Si también sientes como yo, si también tienes miedo cómo yo, si también te sientes estúpido como yo, si también, como yo, piensas que, una vez más los sentimientos le ganan al miedo, y menos mal

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miércoles, 23 de enero de 2019

No se de que modo, pero te quiero


Voy a ser valiente: tengo miedo. Miedo a darme cuenta que siento algo que no debería sentir. Miedo a que hayas despertado los fantasmas de pasado. Miedo, porque anoche estuve pensando en ti, y antes de ayer, y ahora mismo, y ni si quiera yo soy capaz de entenderlo. Vamos a pensar que estoy confundida y que simplemente es una rayada, de esas que me vienen una vez al mes. Vamos a creernos que no sonrío más de la cuenta si te miro o que no se para el tiempo cuando estoy contigo. Vamos a suponer que no te imagino por las noches y no recuerdo todos los momentos que pasé contigo una y otra vez. Supongamos que no te echo de menos cuando te tengo a 3 cm de distancia y que no tengo celos cuando me hablas de otra gente. Supongamos que no echo de menos aquellos momentos donde el mundo deja de existir y solo importa tu sonrisa y mis ganas de morderla, que no pienso en aquello que no pudimos ser o en lo que nunca seremos. Supongamos que no guardo tu último beso bajo llave por si acaso no se repite y que no recuerdo aquello que me dijiste la última vez que fuimos sinceros. Venga, juguemos al juego de que ninguno de los dos siente nada, juguemos, porque tengo miedo de aceptar que seguimos siendo los mismo imbéciles que se quisieron a escondidas. Nadie dijo que eso de ser amigos fuera fácil, pero ninguno de los dos estábamos dispuestos a perdernos del todo, y fue la mejor forma de quedarme a tu lado. O tal vez la peor. Si te soy sincera, incluso yo me he llegado a creer que ya no me importabas, he llegado a pensar que mi cabeza había conseguido separar lo que fuimos de lo que no podíamos ser. Pero ahora no se si ha sido realidad o simplemente escudo. Sigo pensando que no puedo estar contigo, somos demasiado diferentes, o tal vez nos parecemos demasiado, pero ya nos dimos contra la misma pared de la inseguridad demasiadas veces como para volver a coger carrerilla. No vengo a decirte eso, simplemente necesitaba decirte que, tal vez, para mí sigues siendo igual de importante como lo fuiste en su momento. Han pasado muchos meses intentando distanciarme de ti para que no sufras, o tal vez para no sufrir yo, pero no puedo, no podemos, hay algo que siempre me hace regresar donde tu estés, hay algo que no me deja irme. Y ese algo eres tú. Con tus tonterías, tus enfados, tus miradas que hablan más que tus palabras, tus bobadas, la forma que tienes de hacerme sentir que sigo siendo una niña pequeña, una niña con miedo a que descubras que hay 1000 personas ahí fuera dispuestas a ocupar la cama donde tantas noches dormí. Con miedo a que ya no me necesites, con miedo a necesitarte. Con miedo a todo lo que tenga que ver contigo. Pero sigues aquí, después de todo, y no entiendo si por comodidad, por costumbre o porque tú tampoco sabes lo que sientes. Quién sabe, quizá aquellas bromas esconden demasiadas verdades y yo no he sabido leer entre líneas, o tal vez no he querido, para no tener que aceptar que el pasado nos está llamando a la puerta. Deja de mirarme con esos ojos cuando estamos juntos, deja de sonreír cada vez que te miro, deja de ser tan tu... Porque a veces, y solo a veces, echo de menos ser nosotros. Los dos sabemos que hay cosas que no funcionan y una de ellos somos tu y yo, y tal vez por eso tengo miedo, a quererte, a que me quieras, a darnos cuenta que no hemos sido capaces de separar el cariño del amor. Pero es tu culpa, es tu culpa por hacerme sentir especial a cada rato, por ser tan tú, por convertirte en todo. Y ese es el problema, cuando alguien se convierte en todo, porque caes en el riesgo de quedarte sin nada si algo falla. Y los dos sabemos que a ninguno de los dos nos sale nada bien. No vamos a ser una excepción. No sé porque te escribo esto, tal vez sea para decirte que creo que estoy volviendo a ver el muro enfrente nuestra y que no sé si alguno de los dos quiere parar, tal vez porque no tengo el valor de aceptar que has vuelto a resucitar aquello que creí enterrado. Tal vez era cierto aquello que dijiste que nunca seriamos capaces de olvidarnos del todo. Creo que esta vez ha sido mi culpa, construí una perfecta barrera entre tu y yo para que a ninguno de los dos se nos ocurriera saltar el muro, y te juro que cuando volví a ser yo pensaba que estabas superado. Pero tal vez no era así, tal vez ninguno de los dos habíamos sido capaces de mirar a otro lado. Ojala pudiese creerte cuando dijiste que seguías pensando en mi cuando dormiste con ella, pero incluso eso me da miedo, porque sería aceptar que solo los imbéciles repiten el mismo error dos veces, que ya nos dimos cuenta que no somos capaces de estar juntos, que sería una putada volver a pasar por todo aquello, o tal vez no, quien sabe. Tengo miedo de creerte cuando bromeas con futuros perfectos, cuando te emborrachas y me dices que me sigues echando de menos, cuando me voy cuenta que yo también, que aunque he intentado alejarme de ti, siempre vuelvo, de echo empiezo a pensar que nunca me fui. Me vas a volver loca, no intentes entenderme porque no soy capaz de hacerlo yo, no se ni lo que siendo, ni lo que quiero sentir ni lo que debería sentir. Solo sé que te quiero, no se de que modo, pero te quiero, y que tal vez dos personas que se quieren no se pueden olvidar si están cerca, pero tampoco estamos dispuestos a estar separados. Solo sé que tuve celos cuando supe que dormías con ella y que me enfadé cuando dijiste que incluso así me echabas de menos, pero tengo que reconocer que yo también intenté no pensarte en otros brazos, y casi lo consigo. Pero a veces hay que saber que es mejor una amistad para toda la vida que una relación de 3 meses. Por eso me fui, porque si me quedaba nos terminaríamos haciendo daño. Y es justo eso lo que no quería. Porque decir adiós también es querer, tal vez, la forma más pura, menos egoísta. Creo que no te he dicho nunca que ese fue el verdadero motivo por el cual dejé de quedar contigo, porque te quería demasiado como para joderlo del todo, porque quise huir antes de que los celos y la desconfianza se apoderara de nosotros, por eso intenté construir una barrera, para poder seguir uno al lado del otro, para, de algún modo no perdernos nunca. Pero deja de ser tan adorable, que se me caen los muros. Y no quiero eso.

Desconocerte es lo mejor que me ha pasado



Después de un tiempo perdida; he comprendido varias cosas. 
El problema no es mío, eres tú que no sabes que cojones quieres, que no sabes si me quieres y mucho menos para qué.
Te entregué incluso aquello que no tenía, fue por eso que me quedé completamente vacía, simplemente por intentar llenar un vacío que yo no había hecho, por intentar vendar una herida que yo no hice, por besar una cicatriz que no causé yo. Me propuse cuidarte casi tanto como te quería, hacerte feliz por encima de cualquier cosa, incluso de mi. Y ese fue el error, darte tanto a ti, hasta quedarme sin absolutamente nada, y que aún así; no fuese suficiente.
Me dediqué a culparme durante meses, a intentar ser mejor contigo, a darte, otra vez, lo que no tenía, incluso a cambiar para parecerme a aquello que tu querías, el problema es que nunca supiste que era aquello que querías, ni si quiera si querías querer algo, y ese fue el problema. El venderme un amor que ni si quiera querías sentir, y supongo que te resultó fácil dejarte querer por alguien que daba el 200% ya que tu no aportabas una mierda.
Pero ni si quiera eso era nunca suficiente, y no digo que no lo fuese, digo que era jodidamente doloroso seguir luchando día tras día sin llegar a la meta, que si, que estabas conmigo, pero no luchabas a mi lado, nunca moviste un dedo por mi, y eso, hasta la persona más enamorada; lo termina viendo.
Digo que no fue suficiente porque siempre me demostraste que merecías algo mejor, que cada cosa que hacía estaba bien, era mi deber hacerte feliz, mi obligación correr a pedir perdón cuando te equivocabas tu; por puro miedo a perderte, ya que te encargaste de hacerme creer que si no eras tu; no me iba a querer nadie.
Y ojala, ojala nadie me vuelva a querer como no lo hiciste tu, porque no digas que me quisiste, porque ni aquello fue amor ni esto es dolor, es rabia, pena y una jodida impotencia de haber dejado que me destrozaras de esa manera, de haberte permitido meterte en mi cabeza y machacarme hasta el punto de pensar que vivía por y para ti, que detrás de ti no había absolutamente nada, porque nada era comparable contigo. Y  menuda imbécil por creerte cada vez que me juraste que no pasaba nada, que era una histérica y que de todo hacía un problema, claro, perdóname por quitarme la venda de los ojos y darme cuenta que tu nunca me quisiste, que no se lo que fue aquello, pero desde luego; querer no. 
Y claro, la loca histérica por rallarse cuando ella lo entregaba todo y no recibía nada a cambio, y aquello que recibía dejaba mucho que desear.
La dramática por que me impusieses unas normas que yo misma acepté sin rechistar, y cuando quise darme cuenta que vivía en una jaula ya me habías cortado las alas.
La insegura por creerme cada vez que quisiste hacerme ver que nunca fui suficiente para ti, que tenía que vivir casi dándote les gracias por quedarte a mi lado, casi pidiendo perdón por no ser mejor, casi esclava por un amor, que ni fue amor, ni lo iba a ser nunca.
La paranoica por darme cuenta que contigo nada de lo que yo hiciese era suficiente, en cambio tu lo hacías todo perfecto, claro que si, cada cual que viva en su realidad, que yo he despertado y te aseguro que no voy a volver a la tuya. 
Me convertiste en un ser completamente vacío, de tanto demostrarme que no valía nada al final me convertiste en eso; en una inmensa nada 
Al final; Por intentar ganar contigo; Lo perdí todo, y solo perdiéndolo todo desaparece el miedo a perder, a perderte, y es que, de que me vale tenerte si solo me quieres cuando no tienes nada mejor que hacer. De que me vale que me quieras si no tienes ni puta idea de hacerme feliz. De que me vale estar contigo; si para eso tengo que alejarme de mi.
Tal vez eso te duela, pero no sabes lo bien que se vive sin ti, con el miedo que tenía a verme sola, a despertar sin ti,sin lo mejor que me había pasado en la vida, sin la persona que le daba sentido a todo ( o eso pensaba)  y joder; perderte es lo mejor que me ha pasado. 
Así que gracias.  Por desaparecer digo, y no vuelvas.

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Y de pronto...Ya era tarde

Ya sabía que te iba a echar de menos, lo supe la primera vez que dormi contigo, cuando tú descansabas y yo te miraba , observando cómo era posible que todos mis futuros estuviesen en mi cama, a mi lado, tranquilo, cómo ignorando que alguien se estaba muriendo de amor en aquel instante. En ese momento también me dí cuenta de que soy imbécil, porque hay que serlo para tener al lado, quien quiere que se todos tus principios y tu, por tu puta inseguridad de mierda, estar pensando en todos los finales.  Porqué si, porque casi antes de empezar a quererte tan fuerte ya estaba pensando lo mucho que me costaría olvidarte, porque antes de dormir contigo pensaba en lo mucho que me costaría salir de la cama a la mañana siguiente, en lugar de aprovechar que tenía todo lo que quería a menos de 2 centímetros de mi cara.Dejé que me invadiese el miedo por el simple hecho de que estaba acostumbrada a perder, porqué, tal vez, me había acostumbrado a la soledad de alguien que tiene miedo a que le quieran; por si luego le olvidan.No es fácil empezar algo que sabes que va a terminar, pero créeme que duele más quedarse con la duda. Y al final, de tanto miedo a quererte te quise como nunca había querido a nadie, pero nunca fui capaz de demostrarte que eras todo lo que necesitaba en mi vida, que nunca fuiste un aquí te pillo aquí te mato, y ahora, me mata el no haber podido explicarte todo aquello a tiempo.Nunca, nunca fue el acostarme contigo, era por despertar a tu lado, nunca fuiste un pasatiempo ni algo que se olvida tras un par de copas de esas que se convertían en botellas vacías por el suelo y el corazón lleno, de miedo quiero decir, porque siempre fue muy fácil emborracharme contigo, pero nunca pude con el dolor de la resaca al no saber cómo decirte que te quedases también un domingo por la tarde y no solo un sábado por la noche.Ahora, con el paso del tiempo nos hemos dado cuenta que aquello de esconder sentimientos no funciona, que somos un par de imbéciles que se quisieron, tal vez a destiempo, y mal, porque nunca fueron capaces de ser sinceros el uno con el otro. Y nos hemos dado cuenta, como siempre, mal y tarde.Tú, dudando de si algún día te quise, y yo, sin saber cómo explicarte que te quise desde siempre pero quizá me asustaba escuchar un " y yo" por respuesta y tener que saltar al precipicio sin chaleco anti alas. Porque, leí que costumbrarse es otra forma de morir, y si, yo me maté el dia que me acostumbre a estar sola, el dia que no fui capaz de jugármela por ti, cuando en realidad eras lo único que merecía la pena en mi vida.
Quien sabe, solo sé que fui cobarde al no saber decirte que me enamoré de ti mucho tiempo atrás, cuando llegaste más o menos. Ya lo decía el Maestro:” Los besos que perdí por no saber decir te necesito” Y ya es tarde, y no puedo sentirme más idiota. Al final es cierto eso que de los errores se pierde, y nos perdimos por miedo a perdernos.Somos un par de imbéciles, que se quieren, como ya he dicho, tarde y mal.Al final, me has dado la mayor lección que me puede dar alguien, y es que el miedo en exceso solamente sirve para hacer jodidamente infeliz, y perder aquello que realmente vale la pena. Que vivir pensando en el futuro lo único que hace es destrozar tu presente, y que cuando se quiere, y se quiere de verdad; hay que decirlo antes de que se te haga un nudo en la garganta que no te deje volver a hablar a tiempo.Si sirve de algo te sigo queriendo, aunque sea tarde, aunque te deba demasiados domingos por la tarde, aunque hayamos sido unos cobardes, aunque haya pasado demasiada gente por nuestra vida intentando llenar un vacío que nosotros mismos provocamos. Te quiero, y ya no tengo miedo a tener que olvidarte, porque esta vez sí, prefiero darme la hostia de mi vida, a preguntarme el resto de ella, que hubiese pasado si te hubiese dicho que te quiero, más o menos, desde que llegaste.


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YO NO ME FUI, TU ME DEJASTE IR



Llevo un rato delante de un papel en blanco que no se si seré capaz de llenar de tinta, no lo sé, porque ni si quiera yo se cómo me siento. Si te soy sincera me he despedido de gente que pensé que sería para siempre, he fallado mil veces y me han fallado otras tantas, he caído en incontables ocasiones y me he roto por la mitad más de una vez. Pero hoy es distinto. Ninguno de los golpes del pasado duele tanto como me está doliendo ahora. No estoy enfadada, estoy triste, decepcionada, y sigo sin entender cómo alguien es capaz de jugar así con otra persona. Cuando alguien se va, tarde o temprano aprendes a vivir con ello, pero cuando quien te destroza es quien tienes al lado y encima eres tu quien tiene que sacar valor e irte no sabes donde meterte. Maldita pelea entre lo que quiero hacer y lo que debo, entre lo mucho que te quiero y lo que te odio ahora mismo, entre todo lo bueno que me regalaste y el dolor que siento ahora mismo, entre las ganas de darte un abrazo o de salir corriendo y no volver a verte nunca. Cuando quien te hiere es quien dice quererte todo se complica. Puedes prometerme una y mil veces que no la vas a volver a cagar de esa forma, pero ¿ que más da? Aquí ya no queda nada que romper, estoy completamente hecha pedazos. Sigo sin entender como alguien que dice que te quiere es capaz de hacerte daño, Yo también he cometido errores y los dos lo sabemos, pero hay cosas que nunca pondría en riesgo, y una de ellas eres tú. Pero parece que no te importó romperme por completo, de nada vale ya eso de arrepentirse, cuando alguien ya está roto con un « lo siento» no se le juntan las piezas, con un «soy un imbécil» no arreglas el dolor. No entiendo cómo alguien puede mentirte y seguir mirándome a la cara como si nada, no entiendo cómo todavía tuviste valor a decirme que no querías perderme. No te mientas, si quieres algo luchas por ello, quien juega con fuego se termina quemando, y tu, quemaste todos los motivos para seguir confiando en ti. Y no hay nada que duela más que no poder confiar en alguien a quien quieres. Porque puedes cagarla un millón de veces, pero cómo mínimo: se valiente. Que un enfado se pasa, una decepción deja una cicatriz de esas que el tiempo ya no puede curar. De esas que ya nunca volverá a ser cómo antes, por mucho que yo me empeñe en perdonar, y tu en pedir perdón. Cuando algo se rompe ya no existen vendas que puedan curar esas heridas, pueden taparlas por un tiempo, pero nunca serán capaces de cicatrizar del todo. Y sigues empeñado en decirme que no quieres perderme, y eso es lo que más me jode, porque puedes hacerme daño y luego irte de mi lado, que ya me encargaré yo de olvidarte. Pero no entiendo cómo puedes fallar a una persona que quieres, que te quiere, que daría todo lo que tiene por verte sonreír. Y ahora míranos, ninguno de los dos encuentra su sonrisa, pero no te equivoques, tu estás triste porque dices que no quieres perderme. Yo, estoy triste porque ya nos hemos perdido. Y créeme que me duele mucho más que a ti, porque yo no tuve que perderte para saber que te quería a mi lado, a mi nunca me hizo falta eso, pero no estoy dispuesta a quedarme al lado de alguien que no sabe lo que tiene hasta que lo rompe y es entonces cuando lo echa de menos. No te imaginas lo mucho que te voy a echar de menos, ni lo duro que es tener que irte del único sitio donde querías vivir para siempre, pero yo no me fui, tu me dejaste ir. Así que no me digas que me echaras de menos, porque me tuviste al lado y no supiste valorarlo. Estaba dispuesta a dar mi vida por ti, lo que no sabia es que eras tu mismo quien me la quitaría. Y ¿ Sabes lo peor de todo? Que sigo queriéndote con cada uno de  los pedazos que dejaste 
MI LIBRO: 

La clave para encontrar a alguien que cambie tu vida.


Después de un tiempo buscando sin saber lo que quería encontrar me he dado cuenta de varias cosas. La primera es que las cosas pasan cuando dejas de buscarlas, o cuando tienen que pasar simplemente, de nada vale vivir pensando en un quizá o aferrarte a un destino que solamente existe si tu quieres que exista. Me explico, creer en el destino está bien, también pienso que hay personas en mi vida que el destino a puesto en ella para mejorarla, y otras para joderla, para que mentir, pero no puedes excusarte en el destino para conformarte. No puedes dejar de luchar porque “ que pase lo que tenga que pasar” y no, pasará lo que tú quieras que pase, siempre dentro de un margen, por supuesto, pero si no luchas por algo; no pasará, si no te mueves de tu casa; no pasará, si tu vida piensas que es una mierda y no haces nada por cambiarla; no dejará de serlo nunca. En resumen, entendí que era dueña de mi propio destino, y que aquello que me decían de que solo era imposible aquello que no se intenta, tal vez, tenía algo de verdad, aunque no toda. Sigo; También logré comprender que tal vez, si nadie me llenaba no era porque era exigente, sino porque tengo muchísimo que dar, y quiero recibir algo que esté a la altura, me explico, no puedo ser feliz con alguien que no quiere ser feliz, no puedo pretender tener una historia con alguien que solo vende cuentos, y no puedo dejarme querer por alguien que no tiene ni puta idea de ello. Tal vez, por eso, me empeñé en buscar a toda costa alguien que me quisiera, porque no lo estaba haciendo yo, y me parecía bien cualquier forma que alguien tenía de quererme, incluso si esa forma era haciéndome daño. Me hice protagonista de más de un libro el cual no me interesaba ni lo más minimo el final, simplemente para poder seguir escribiendo, viviendo, sintiendo, no sé, para sentir que alguien estaba a mi lado, pero me dí cuenta que aquello no era querer, y que estaba haciendo daño a personas, que , seguramente no se lo merecían. Fue entonces cuando me vine abajo porque nada era capaz de llenar el inmenso vacío que había creado, seguramente yo, por dejarme querer y sobretodo por no quererme. La inseguridad no solo de pensar que nadie podía quererme y tenía que aferrarme al primero que lo hiciese, sino también el darme cuenta que ni siquiera servia para eso; para que alguien me quisiese ni para querer, ya que aunque estuviese acompañada; me sentía dos veces sola. No se si me explico, y ni si quiera sé lo que quiero decir, pero yo me entiendo, o eso creo. Despues de buscar tanto que me quisiera alguien, quien fuese, me di cuenta que la vida no se trataba de aquello, de vivir esperando que venga alguien y te salve de tus propios fantasmas, de aprovecharte del cariño que te puede tener alguien para dejar de sentirte sola, y no porque quieras esa compañía. Si, tal vez es ruín, pero fue cierto, os lo aseguro. Y no estoy orgullosa de ello, o tal vez si, porque me hizo darme cuenta que no se puede estar con alguien por miedo a estar sola, que si alguien no te llena no tienes que conformarte, que si algo no te gusta; simplemente no lo pruebes. Lo dicho, al final, de tanto buscar me encontré a mi misma, y fue ese día cuando dejé de buscar alguien que me soportase, alguien que me quisiese a toda costa; porque ya lo estaba haciendo yo, y claro, ahora no me valía cualquier amor de contenedor, cualquier abrazo fingido o dormir con alguien para no despertar sola. Me encontré a mi, y supe quererme como nunca había imaginado, supe valorar que todos mis defectos son simplemente cosas que me diferencian del resto, que todas mis rarezas marcan mi identidad y que quien me quiera; me tiene que querer con todas ellas, porque son parte de mi y soy parte de ellas. Dejé de buscar algo, alguien, y lo encontré todo, dejé de hacerme preguntas sin sentido para buscar la respuesta, y joder, la respuesta era yo. No era tan difícil, o tal vez si y por eso me costó tanto, y por eso escribo esto; para recordarte que no busques nada que no seas tu , que te quieras mucho, que te quieras bien, que no te conformes, que no te preocupes si no encuentras a ese alguien que haga que tu vida cambie, cámbiala tú, y ese alguien, aparecerá cuando menos te lo esperes, pero cambia por y para ti. Esa es la clave. No hay otra. La respuesta siempre eres tú, y el resto; que venga lo que tenga que venir, pero quiérete, porque te vas a necesitar y mucho.

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